Luz, ¡ya se cumple el año!

18:22



Setiembre siempre ha sido un mes muy especial para mí. En setiembre del 2013 abrí mi blog y nació La Ventanita de Luz. En setiembre se celebra el día del traductor. Y en setiembre del año pasado decidí – por primera vez en mucho tiempo – ponerme como prioridad.

Sin quererlo, setiembre se volvió en mi mes.

Hace un año vivía quejándome de mi cuerpo y de mi salud. Pasé de ser una chica de 50 kilos a pesar 72 kg (y ya había pasado baaaaaaaastante tiempo desde mi último embarazo). Siempre tenía un achaque y vivía comparándome con fulana y sutana porque ellas eran raagias y yo no – pero jamás hice nada para volverme “regia”.

Hasta que un día, me iba a bañar y vi mi reflejo desnudo. Sí, bien novelesco. Me vi y dije: ¡ay mi Dios! ¡esa no soy yo! Parece que Luz se comió a Luz. Esto tiene que parar.  

Como leen, mi autoestima y salud estaban venidas a menos. ¡Necesita ayuda! ¡Quería ayuda! Y nadie podía darme palabras de aliento de ningún tipo porque yo no me las creería. Y tampoco me había servía el cuento de “gordita, eres más feliz” porque YO no lo sentía así. Sé, ahora, que mi talla no define mi belleza pero mi principio lógico era volver a gustarme otra vez. Y para ello, tenía que nacer de mí hacer un cambio sustancial y provocar, en mi mente y corazón, un sacudón. Necesitaba mi propio temblor. Y ese día lo tuve al verme en el espejo.

Soy una persona muy determinada. Si digo algo, realmente lo cumplo. Si decido algo, me pego a ello. Avanzo o retrocedo, ¡detesto quedarme estancada! No me gusta vivir en la incertidumbre. Mi alma es inquieta. Puede sonar feo pero yo avanzo así me tiren caca con ventilador ja, ja, ja. Y me muero de miedo pero prefiero saber a quedarme con la duda. Sé asumir también mis errores y tomo mi responsabilidad. La vida es un constante aprendizaje, te guste o no.

Por 21 días me sometí a cambiar mis hábitos. Adiós gaseosa (era adicta), adiós frituras, adiós comida rápida, adiós azúcar añadida y adiós trago. Eso sí siempre conservé mis macronutrientes – nunca dejé de comer. Al poco tiempo, cuando ya había pasado esos larguísimos 21 días, comencé a ejercitarme en casa. Hice un test en una aplicación para ver mi nivel corporal y estaba hasta el perno. Por debajo del nivel caracol pisado. Pero dije: ah, no, carajo, esto no va a poder conmigo. Soy más fuerte que mi nivel caracol pisado. Y seguí, por tres meses ejercitándome en casa y trotando. Me hizo tan bien mentalmente. Gracias a eso tomé muchas decisiones importantes en mi vida. Después de ello, fui al gym - morida de miedo - pues no quería que se burlen de mí, pero me adapté rápido y ahora me paseo como Pedro en su casa.

Había vuelto a nacer…

Y un año después, sobreviviente, enfocada y determinada les digo: sí, se puede. He enfrentado muchísimas cosas desde entonces. Como la novedad que tengo diastasis, que al principio me golpeó de lleno pero fue la oportunidad perfecta para SEGUIR APRENDIENDO. He conocido a tantas personas maravillosas que me han ayudado en este proceso. Me he nutrido no solo de buena comida sino de conocimiento. Y todos los días aprendo un poquito más. Siento que mis hijos me miran con otros ojos, y quiero pensar que se están orgullosos de su mamá. No es fácil, pero tengo que hacerlo por mí. A veces no hay motivación, pero en ese preciso momento, entra mi disciplina y el compromiso que hice hace un año. Por fin puedo decir que hice algo por mí, y… sí, soy feliz – pese a todo.

Pasé de ser una persona que desayunaba, almorzaba y cenaba pizza y super sedentaria a una persona consciente de su alimentación que entrena cinco veces a la semana. Perdí 17 kilos. Pasé de 36% de grasa a 24% en un año. No sé si eso es rápido o lento. Pero he disfrutado cada logro, llorado cada retroceso y gozado cada aprendizaje. Como la vida misma…


Tenía miedo de no conseguirlo

Cuando me inscribí al gym





En mi misma cocina 10 meses después

11 meses después

Gracias a todas las personas que me apoyan desde el día 1. Cada una saben quienes son y lo importante que son para mí en este proceso. Gracias a mis entrenador por la paciencia y a mis nutricionistas (soy una buena alumna). Y gracias, Luz, por darte esta oportunidad de volverte a amar, de disfrutar tu cuerpo, mente y alma. Nos falta por recorrer  tantos objetivos, y sé que algunos te dan miedo pero te tienes a ti misma, y eso ¡nadie te lo puede quitar!

Besos,
Mamá Luz

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