A mi manera

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A lo largo de nuestra vida en este pequeño inmenso mundo – en alguna parte – hemos querido imitar a alguien. Ya sea de pequeños a nuestros padres (los bebés aprenden por imitación) o de jóvenes a algún ídolo, etc. Sea como sea, la imitación siempre está ahí en algunas etapas de nuestra vida. No creo que tenga algo de malo, porque en el proceso podemos descubrir cosas muy importantes y definirnos como individuos.

Al convertirte en mamá y obviamente al no tener un MANUAL, muchas veces recurrimos a los consejos de otros e incluso llegamos a imitar a otras mamás – esto fue lo que me paso a mí. Si a ella le funciona, quizá a mí también, fue lo que pensé en algún momento de mi vida.

Cuando me convertí en mamá, no sabía qué hacer. Me dieron a mi bebé y literalmente me quedé en blanco. Entre mi esposo y yo fuimos descubriendo poco a poco cómo cubrir las necesidades de nuestro recién nacido. Pero la maternidad y la paternidad van más allá de los pañales, de la leche, de las rutinas, etc. Comenzaron a aparecer las primeras dificultades “técnicas” sobre la crianza y yo estaba más perdida que cuy en tómbola.

No me quedo más que otra que imitar a mis pares. Me funcionaba dos o tres días. Y cuando pensaba que tenía al toro por las astas, ¡pum! de vuelta a la realidad. Otra vez comenzar de cero.

Repetía conductas de otras mamás una y otra vez y “fingía” ser algo que definitivamente NO era. A ellas les iba regio. Y yo renegaba de eso. Quizá si lo sigo intentando, una me chunte, pensé.

Nada más errado que eso. Estaba agotada, enojada, cansada y frenética. No podía continuar así. Tenía que hacer mi tarea y ponerme a pensar realmente en mí, en mi situación, en mi hijo. A ellas les iba bien, pero ¿por qué a mí no? La respuesta por más simple y obvia que pueda parecerles no vino a mí sino después de muchas fallas y errores.

Finalmente lo descubrí: SOY UN SER ÚNICO, Y MI HIJO TAMBIÉN. Y en este proceso de autodescubrimiento aprendí los tres NO:

NO imites todo. No funciona. Quizá dos o tres días pero luego te topas con la realidad. No todo es tan pegado a la letra, no todo es tan blanco y negro. La crianza es una montaña rusa y que requiere de ti en todos tus cinco sentidos. Seguir tips, consejos, etc está muy bien, pero hay que adaptarlas a nuestra situación. Sé tú misma. No temas a mostrarte tal y cómo eres.

NO te compares. “Ay, porque a ella sí y a mí no”, solemos decir. Envidiamos y fantaseamos vivir una vida que no es nuestra. Envidiamos la suerte de la otra. Pero la verdad no hay suerte en la crianza, es cuestión de temple y perseverancia que solo se consigue cuando dejamos de mirar a los lados y vemos directamente a los ojos de nuestros hijos. No te compares ni para bien ni para mal. Sé tú misma.

NO te autoflageles. Luego de mis descubrimientos, vivía con una culpa atorada en mi pecho. Un nudo gigante que quería vomitar pero que no se iba. No les puedo decir que la culpa se va completamente pero hay un cierto límite. No nos podemos cegar por ella ni dejar que nos controle como el miedo. Ya, la fregaste, pero puedes mejorar. Ya, hoy el día se fue por la basura, pero mañana será otro día. Sé tú misma.


La mayor enseñanza que rescaté de este episodio de mi vida fue no tenerle miedo a ser una misma. Me permitió aceptarme. Está bien ser tal cual eres y sobre todo con nuestros propios hijos. Ir aprendiendo con ellos, de la mano, siendo tú, es lo más reconfortante del mundo. No tengas miedo, sé tú misma.

Besos,
Mamá Luz

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