Yo no soy esa mamá

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Suena a la canción de Paulina Rubio… 3, 2, 1 “Yo no soy esa mujer, que no sale de casa
y que pone a tus pies lo mejor de su alma; no me convertiré, en el eco de tu voz
en un rincón...”

¿Cómo te sabes esa canción, Luz? No lo sé. Simplemente se me vino a la mente. Bueno, al punto.

Parece que al convertirme en madre, el mundo quería algo de mí, o esperaba algo concreto de mí. Como un kit que toda madre debe ser. Sin embargo, a lo largo de estos casi 5 años de mamá, me he dado cuenta que no soy “esa” mamá que todos esperan. Soy quien soy, y definitivamente no soy:

La mamá que cocina. Se los digo de frente, COCINO FEO. Nunca aprendí a cocinar. No me nace. Me siento super incomoda en la cocina. Cuando me casé, realmente, o sea, REALMENTE, no sé cómo no envenene a #PapáCaco. Se los juro. Si ese hombre sigue vivo, es porque existe un Dios. Pero cuando me convertí en mamá, la gente temía por mis hijos. Y yo también. Por más que intente aprender, no tengo buena sazón. Sin embargo, por el inmenso amor que le tengo a mis hijos aprendí a hacer una que otra cosa. Ese tipo de platos banderas. Tres o cuatro platos bien aprendidos y lo demás a base de la persona quien me cocina y delivery ja, ja.

La mamá que se tira al suelo a jugar. Me encanta estar con mis hijos. Jugamos y nos divertimos. Pero otra cosa es que esté horas y horas tirada en el suelo jugando – como lo hace mi esposo. No puedo. Lo siento, pero caigo en coma. Me duermo MAL, con baba y todo. Prefiero verlos de lejos jugar y divertirse. Pero otra cosa es estar tirada jugando.

La mamá que hace LAS manualidades. La verdad es que si alguien las hace y tengo que pagar por ellas. Pago. En serio. No solo es por falta de tiempo, sino que mientras mi hermana hacia preciosos elefantes en cerámica al frío, yo estaba haciendo bolitas horripilantes en plastilina. Entonces, “saquen su línea”. No soy mamá de Pinterest.

La mamá que nunca dice malas palabras. A diario #PapáCaco me corrige. Se me escapan. Las tengo en la punta de la lengua. Ni siquiera puedo decirlas en otro idioma porque ahora los colegios son bilingües y no quiero terminar en dirección porque Mateo repitió esa lisurita. Tengo que controlarme… todo el tiempo.

La mamá relajada. Siempre tengo que estar haciendo algo. Soy bastante estresada. La ropa debe estar doblada de cierta forma y acomodada en los respectivos cajones. Pregunto a diario como es su pufi. Les reviso todo el cuerpo. Si tosen, me aloco. Si tienen diarrea, me aloco. Si no duermen a sus horas, me aloco. Si no comen a sus horas, comienzo a hiperventilarme. He aprendido a controlarme, pero tengo mis “taras”.

Así soy. Así estoy aprendiendo a aceptarme y a corregirme. Cometo errores todo el tiempo, pero he aprendido a darles un giro y quererme como madre (¡aunque cuesta!). Reconozco que hay momentos que dudo mucho mi capacidad como madre. Reconozco que a veces lloro en la ducha porque dudo de mí o cuando una determinada situación me sobrepasa. A veces suelo ser realmente severa conmigo. Sin embargo, los amo infinitamente, y los chiquitos son felices así que algo estoy haciendo bien como mamá.

Besos,
Mamá Luz


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