A veces duele ver crecer a tus hijos

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Cuando tus hijos son bebés– dejando de lado el cansancio y las malas noches – la vida es simple. Ellos solo te quieren a ti. Todo su mundo eres tú. Así de simple. Así de hermoso. Pero cuando van creciendo, pronto quieren salir a explorar el mundo. Ese que ahora tú conoces bien y por eso te asusta tanto.

Pronto tu bebé deja de ser un bebé y se transforma en un niño explorador y energético. Comienzan las primeras experiencias agridulces del desarrollo de todo niño.

Mateo es un niño sociable, cariñoso y risueño. Él ve a todos como sus amigos. Se nota que aún es un niño pequeño porque su corazón no tiene malicia. Es tiernamente inocente. Sin embargo, la que más sufre soy yo y les explicaré la razón.

Mateo saluda a todo el mundo. A TODO el mundo. Y a veces la gente no lo considera porque “es pequeño”. Una vez salíamos de la casa y saludó a un vecino, este no le devolvió el saludo. Me miro y me dijo confundido: Mamá, lo salude pero no me contestó. Estaba apenado. Sentí un dolorcito en mi corazón. Sentí que se me rompía el corazón y lo peor que no sabía qué contestarle para calmar su confusión. Le expliqué que está bien saludar a todos, que eso es cortesía y que si alguien no le contesta, no importa pues él demuestra lo educado que es.

Igual, me dolió, y mi corazón de mamá loca hubiera hecho que ese vecino regrese y le responda el saludo a mi pequeño – en ese tiempo – de 3 años.

Otra historia (de sufrimiento para mi) es cuando va al parque o algún lugar, y los niños no quieren jugar con él o por ser más pequeño lo agarran de “camotito”. Un día Mateo llevó su patineta al parque junto con mi hermana. Había dos niños mayorcitos con sus respectivas patinetas. Él quería jugar con ellos pero no estaba dentro del plan de los niños. Igual él iba feliz tras de ellos. Los niños ni caso le hacían y se reían de lo lento que iba mi pequeño. Mi hermana estaba al borde las lágrimas y me contó. Sentí como la sangre se me subía a la cabeza. Ese dolor hueco y fastidioso en mi corazón no me dejó dormir.

Los niños crecen aquí y en cualquier lugar del mundo con esos momentos agridulces, lo sé. Pero igual duelen. Verlo crecer es una maravilla pero duele cuando ellos se enfrentan a esas pequeñas batallas y sé que así será la vida. Si de algo estoy segura es que si pudiera alejar cualquier momento doloroso de la vida de mis hijos, lo haría con mis propias manos, cada momento, cada segundo, por el resto de mi vida.

No es sano. Nadie dice que lo sea. Los niños deben aprender de esas malas experiencias y seguir con los valores y educación que le enseñamos en casa. Enseñarles la bondad, la amabilidad, el respeto y el cariño hacia los demás pese a todo.

A veces duele ver crecer a los niños, pero duele menos si los vemos felices y seguros.

Besos,

Mamá Luz

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2 comentarios

  1. Es parte de su crecimiento, así forman su personalidad

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  2. Si es muy cierto lo que comentas a mi también me duele cuando veo que mi pequeña saluda con mucho entusiasmo a sus amigos del nido y a veces ellos no le devuelven el saludo de la misma forma, me queda solo aconsejarle que siga siendo como ella es alegre y muy espontánea, pero como madre me duele el corazón en esos momentos

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