Soy mamá, no mártir.

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Me encanta ser mamá. Sí lo disfruto pero no puedo dejar de pensar en mí. Muy por el contrario lo que la sociedad te dice. Están “detrás” de las mujeres haciéndoles sentir inferiores. Si no eres madre, ¿POR QUÉ NO LO ERES? Si eres madre, ¿POR QUÉ LO ERES? Como diría mi abuelita: Ni chica ni limonada.

Una vez que te conviertes en madre, pasas, para la sociedad, a la categoría: mártir. Que ni se te ocurra volver a pensar en ti, porque comienza una guerra. Que ni se te ocurra quejarte, porque tú solita te metiste en esto. Que ni se te ocurra pensar en volver a trabajar, qué clase de madre eres.

Si no tuviste un parto natural, no respetaste la llegada de tu hijo. Eres floja y egoísta. Nadie te pregunta la razón.

Si no le das de lactar, tus hijos están destinados a padecer de N enfermedades. Tu labor es ALIMENTARLOS, no importa que no tengas la suficiente producción de leche o tengas heridas gigantes. No importa la decisión que hayas tomado, eres una floja.

Si no duermes con ellos, eres una desnaturalizada. Abandonar a tu hijo en su cuarto. ¡Qué horror!
Si gritas, te quejas o tienes esos sentimientos de salir huyendo de casa, eres la encarnación de satanás. Ni los animales dejan a sus crías. Tu elección fue ser madre, ahora olvídate de todo, sobre todo de quejarte.

Si quieres salir con tus amigas o cuidarte e ir al gym, eres madre por las puras. Acuérdate que ahora eres madre, tienes que cerrar tu puerta con candado y poner un cartel que diga: NO ME BUSQUEN HASTA NUEVO AVISO. Tampoco puedes cuidarte, en vez de ir a cortarte el cabello o arreglarte las uñas, deberías estar dándole duro a esa ropa. ¡Hijita, esa ropa no se va a lavar sola!

Si quieres un tiempo a solas con el marido. ¡No! Las mamás no pensamos en sexo. ¡Atrás satanás!

Decimos que estamos en tiempos modernos pero lo único que nos hacemos es vivir en culpas y perjuicios. Como sociedad pensamos que una madre pierde toda capacidad de ser mujer. Hay que arrimar todo vestigio de lo que queremos o somos porque ahora nuestro nuevo “título” nos lo exige.

Solo puedo decir: déjame ser madre y mujer. Si se puede. Uno no debe detenerse. Quizá avanzar lento, pero seguro. No abandonen sus sueños. No abandonen sus cuerpos físicos ni espirituales. No abandonen a sus parejas. Abracen todo y vayan conciliando.


Somos madres, no mártires. 

Besos,
Mamá Luz

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