Mi casa, mis reglas

14:30



Una amiga me contó desesperada que su hijo adolescente la tiene al borde de la locura. No hace caso y se cree dueño y señor de su casa. Mi amiga ha hecho muchas cosas extraordinarias por él pero reconoce que ha fallado en poner límites. Nunca quiso parecer la “mala” y se le olvido en el camino la delgada línea entre ser madre y amiga. Entiendo y la apoyo en su desesperación porque solo Dios sabe que le pasa por la mente a un chico adolescente (¡Dios nos coja confesados!).

Esto me hizo recordar que el otro día tú, un niño de tres años, me dijo: no les voy a hacer caso. Ignoraste completamente mi pedido y seguiste como si nada. Mi vena de la paciencia se hinchó pero con la voz más calma que me salía en ese momento te dije: Aquí las reglas las hacen papá y mamá. Tú obedeces. Así que recoge inmediatamente tus juguetes. Solo tú sabes que cara habré puesto que recogiste todo.

No sé si hice bien o hice mal pero quiero que sepas que (aunque suene cliché y bien old days) mientras vivas bajo nuestro techo, tendrás que obedecer reglas. Son reglas que creemos que son adecuadas, respetuosas y necesarias para ti.

Estas reglas evolucionaran conforme al tiempo y tu edad. Por supuesto que podrás opinar y darnos tu punto de vista pero no podrás crear reglas, normas ni menos ejercer tu voluntad. Mi casa, mis reglas. Algún día podrás hacer las tuyas, si deseas cópiate las mías que no tomaremos crédito de ellas.

Quiero que sepas que te amamos incondicionalmente pero que hay ciertos límites que tendrás que cumplir. Al principio seremos los “malos” de la película. Eso lo sé porque yo también creía que mis padres eran los peores padres del mundo. ¡¡Cómo se atrevían a ponerme reglas!! ¡¡A mí!! Sin embargo, eran necesarias. Todo dentro de lo adecuado y coherente. Hoy, después de mucho, las entiendo. Cuando me fui a vivir sola por unos meses, entendí lo necesario de estas reglas.

Quiero que sepas también que esos límites y reglas no son negociables. No eres ni el príncipe ni el rey de la casa. Todos trabajamos y nos respetamos. Somos un equipo, nos apoyamos pero tú eres el hijo y nosotros los padres. Todos los actos tienen consecuencias. Rompes las reglas, tendrás tu consecuencia.

Es mejor comenzar ahora. Sé que seremos los malos por un tiempo y lo asumimos. No creas que es fácil tener que corregirte. Luchamos contra nuestros sentimientos que nos pueden cegar y con nuestra paciencia que se puede rebalsar.

Te amamos y queremos lo mejor de ti. Queremos que te equivoques pero también queremos que sepas que en que te estas equivocando para que puedas buscar soluciones. Serán así hasta que un día cuando seas padre (o quizá en otra situación de tu vida), estés poniendo tus propios límites y reglas.
Sé que estamos claros en esto. Te queremos con el alma.

Besos,

Mamá Luz

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