Las dos caras de la maternidad

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Es muy sabido que la maternidad te cambia. Así de plano. TE CAMBIA. Punto. Fin de la historia. Adiós vieja tú, hola nueva yo.

Cuando te miro, Mateo, siento un amor absoluto. Eres la creación de mamá y de papá. Mis genes y los de papi están en ti. Amo tus rulos. Adoro esa sonrisa que me roba suspiros. Te amo.

Pero… hay otra cara. La cara de que a veces quisiera salir corriendo porque estoy mega archi estresada. Me comienza a latir la ceja y quisiera sentarme tranquila aunque sea unos 15 minutos. Hay veces que me quedo en el baño leyendo la composición del champú o pensando en la nada absoluta. Y escucho tu pequeña voz: Mami, ¿estás ahí? No te escondas mami. #mimundotiembla

No es fácil que tu pequeño te rete o que ciertas circunstancias ligadas a la crianza te produzcan episodios de hiperventilación. A veces pienso que soy parte de un realty show. Me hace dudar si voy en el camino correcto y hago malabares para mantenerme firme.

En este momento estoy pasando por una mini crisis existencial materna por el tema de los nidos y colegios. Es un tema muy sensible en casa por estos días. Ser o no ser, he ahí el dilema de esta mamá buscando el nido a su polluelo. No es tu culpa, para nada. Es esa cara locumbeta que me está retando. La misma que aparece cuando te enfermas y yo solo quiero que aparezca el botoncito de “transferir enfermedad a mamá”.

Esas son dos caras. La cara tierna y hermosa de la maternidad. Y la cara estresante, impaciente y poco tolerante de la maternidad. No soy perfecta y supongo que esas mini crisis son parte del crecimiento. Tenme paciencia que yo también aprendo y aunque me equivoque y la cara fea trate de – a veces – ganarme la partida, nada ni nadie me impedirá que te ame más y más.

Frente en alto, mirada al frente y brazos extendidos para recibir abrazos. Es mi única solución por ahora.


Besos,
Mamá Luz

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