Mamá, no me grites

9:13



El domingo fui a la misa del abuelito Jame. No puedo creer que ya pasó un mes. A veces parece que volveré a casa y lo veré sentado en su sillón negro. Y mientras la misa trascurría y recordaba a mi abuelito, llegó el momento del evangelio. Y aunque no soy de ir a misa  regularmente, como debería ser, ese día el evangelio me pareció lo más humano que haya escuchado desde hace mucho en una iglesia.

El padre lo explicó tan bien que sus palabras me han llegado muy profundamente. El evangelio se trató de cuando Jesús siente cólera pues la casa de su padre (iglesia) se había convertido en un mercado y todo era negocio.

Y el padre nos preguntó: ¿Estuvo mal de que Jesús haya sentido cólera? Todos titubeaban. Y nos explicó que Jesús era un hombre y tenía sentimientos. Era normal sentirse enojado. Nos explicó que todos tenemos esos sentimientos, esas pasiones, esas emociones. Incluso que es sano sentirse así porque nos demuestra que no somos de piedra. Sentir cólera por un hecho injusto o sentirse decepcionado por algo no es una anormalidad. Somos humanos, no somos perfectos. Sin embargo, no podemos dejar que esa pasión desbordante tome control de nosotros y no nos permita encontrar una solución o enseñar algo y hacer la diferencia.

Era justamente lo que Dios quería enseñarme en ese momento. Pues, me he vuelto gritona e impaciente contigo. No te miento, estás en una etapa que quisiera tirarme al suelo y llorar. A veces no sé cómo actuar y me dejo llevar por esa cólera. Grito, grito y grito y no paro. Me estoy volviendo brusca. 

Me dejo llevar por mi cólera, sí. Te estoy enseñando algo con eso, no. Por eso creo que la palabra del evangelio me llegó más. Fue como un: Luz, está bien que te sientas así. Es normal que pierdas la paciencia pero si dejas llevarte por ella no le estarás enseñando nada a tu hijo.

Gritar no es la solución cuando tienes un niño en pleno crecimiento. Hasta ahora no me ha dado ningún resultado más que el dolor de garganta y la sensación de culpa.

No quiero que te acostumbres a que se aprende a gritos o que – peor aún – no se puede controlar la cólera.

Es momento de hacer un alto y respirar. Entender que existen sentimientos normales en mí como la cólera, la impaciencia o el enojo pero que puedo darles un enfoque diferente y no perder los papeles. Sé que podré encontrar una solución y reaccionar diferente.

Gracias Dios, me llegó la precisa. Con empeño, no volveré a escuchar: Mamá, no me grites.

Besos,
Mamá Luz


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2 comentarios

  1. Gracias! También me llego preciso tu post.

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  2. Luz te entiendo, yo estuve igual hace ya algunas semanas atrás me siento mal, cansada y quizás un poco enferma con terribles dolores de espalda.
    Y toda mi frustración la desfogaba con mi pequeño, me sentía mal y me di cuenta que él estaba actuando igual, griton, mal humorado. Así es que decidí cambiar, no es fácil pero trato y me he mentalizado que es normal estar cansada pero que mi pequeño es niño y tengo que comprenderlo.
    Entiendo tu dolor por tu perdida, todo pasara .
    Te mando un beso
    Martha
    www.aquaoasis.com

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