Un abrazo que lo cambia todo

10:46

Uhmmmmmmmmmm, ya son las seis de la mañana – digo mientras me estiro y solo quiero tener la habilidad de retroceder el tiempo, aunque sea cinco gordos minutos.

Me dejo llevar por mi fallido intento de retroceder el tiempo y me levantó sobresaltada. ¡Tamarindos, son las 6:15! – me regaño y salgo disparada de la cama.

Sí, así comienzan mis mañanas.

Maaaaarco, despierta – repito y repito mientras me voy vistiendo.

Corro como un rayo de sol, la gatita Mia me da los buenos días y yo le hago cariño mientras le sirvo su desayuno.

Todos salimos de casa con sueño, con “me haces recordar para cambiar ese foco en la noche” o “no te olvides el celular, Luz” y con “pórtate bien, Mia”.

Nos enfrascamos en el HORRIBLE tráfico de Lima. Me preguntó si algún día será menos caótico, si algún día habrá menos choques, si algún día habrá la paz mundial. En mis profundas reflexiones suena mi celular lo que me hace recordar que tengo amigas quienes se levantan aún más temprano que yo y tenemos pendientes en la Comunidad.

Llegó al trabajo y me sumerjo en la tarea del día a día. Reuniones, pendientes, traducciones, mensajes, mi papá que me llama para saber si desayuné (post it mental de que tengo que conversar con él cuando vuelva a casa), más reuniones, papelitos pegados por todos lados…

El día se va en un suspiro. Estoy sentada casi todo el día pero me siento más cansada que si hubiese corrido. Tengo tantas cosas por hacer y el día solo tiene 24 horas, y 6 de ellas estoy en los brazos de alguien que se llama Morfeo. ¡Mi agenda naranja ya no resiste!

Miro mi escritorio y todo está patas para arriba. ¿Alguien vio mi reloj? – me digo a mi misma porque no tengo compañeros de trabajo jajaja. Ahí está, gracias Luz – me vuelvo a decir haciendo caso omiso de que estoy perdiendo la razón.

¡Es tardísimo! ¡Me voy volando a casa!

Estoy cansada de estar sentada, me estoy volviendo una pelota – le digo al pobre papá Caco quien se ve tan o más cansado que yo.

Sin querer me quedo “jatazo”, y ya llegué a casa.

¡VINIERON, VINIERON! – escuchó una vocecita a lo lejos.

Sales disparado como un cohete a mis brazos y es ahí donde siento que todo el día tiene sentido; que a pesar de que me levanté un poco tarde, en mis sueños agradecí a Dios tenerte a mi lado; que cuando voy reflexionando en el carro, también me acuerdo de tus ocurrencias y sonrió como enamorada; que durante el día me gusta mirar tus fotos en mi celular. El día finalmente vale si tengo tus abrazos.

Un abrazo tuyo nos cambia todo.



Besos,

Mamá Luz

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