Las malas palabras: tips

10:05

Mi mamá decía lisuras. Y no te estoy hablando de palabritas como “pucha” o “caramba”. No. Se puede decir que mi mamá tenía un verbo lisuriento bastante nutrido. Mi abuelita la corregía TODO el tiempo. Y a nosotros nos decía: ustedes no repitan o viene el loco y se los lleva. Mis abuelos son muy conservadores y jamás permitieron que sus nietos digan una sola lisura así tuvieran que luchar contra la boquita de su hija.

El tema de las “malas palabras” hay que tomarlo con calma y sin hacer mucho aspaviento. Nada de mentirles ni escandalizarnos. Estoy aprendiendo que la táctica de “no digas eso” o “no hagas eso”  no sirve sin un sustento, los niños por su misma curiosidad quieren intentar o probar sea cual sea el resultado. Pero los padres podemos corregirlos sin que se den cuenta o aplicando algunos tips que hoy quiero compartir:

-          Mantén la calma: Si tu hijo dice malas palabras, no vayas a gritar, abrir los ojos como platos, tirarle agua bendita, NO. Mantén la calma y piensa rápidamente. Pregúntale con tranquilidad ¿Dónde escuchaste eso? ¿Por qué lo dijiste? Espera sus respuestas. Si nos escandalizamos, ellos recibirán mayor estímulo y por ende querrán repetir la palabra por el efecto que causan.

-          Predica con el ejemplo: Esto lo he aprendido yo de primera mano. Si no queremos que nuestros hijos hagan algo, la solución es simple: tampoco lo hagas. Si le digo a mi hijo que no repita esa mala palabra, no voy a ir como la flor de la canela derramando lisura.

-           Explícales: Como les dije, la táctica de “no lo hagas” no funciona sin fundamento. Es mejor explicarles la razón porque no es correcto decir esas palabras y que hay otras formas de expresarnos sin herir a nadie.

-          Consecuencias: Debes dejarles claro desde el primer momento que no se debe repetir o decir esas malas palabras (con fundamento). Si la conducta se vuelve habitual, podemos aplicar pequeñas consecuencias como no ver televisión, no dar ese paseo que quería por el parque, etc.

Hoy en día, por los medios de comunicación y por el mismo entorno, los niños pequeños conocen esas malas palabras más rápido de lo que cualquier padre desearía, pero tenemos una oportunidad para desde temprana edad enseñarles lo bueno y lo malo. Ya la adolescencia es otra historia, en la que felizmente, aun no me sumerjo.

Besos,

Mamá Luz

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