De una madre a otra

9:11

Soy la hija mayor. Mis padres eran unos jovencitos cuando me tuvieron. Creo que máximo 26 años. Ninguno de los dos sabía ni limpiarme el moco. Encima yo era (soy) una llorona de aquellas. Imagínate todo este escenario y añádele que mis padres vivían en la casa de mis abuelos, más conocida como la boca de lobo para unos padres primerizos.

Como mi papá trabajaba todo el día. Mi mamá se encargó de usarme como conejillo de indias y aprender a patadas este asunto de la maternidad. Sí, hijo mío. Los tiempos han cambiado y los padres primerizos hacemos lo mejor posible desde el comienzo. Pero, el hijo mayor termina siendo “el primer cachuelito” de los padres.

Con todo esto, viendo fotos, me acordé de las “crueldades” que mi mamá hizo conmigo. Ella por presión del resto aplicó conmigo el famoso método Estivill. Antes ni se conocía con este nombre, simplemente era: deja llorar a tu hijo hasta que se acostumbre a la cama. Así me acostumbre.

De niña, seguía siendo una llorona. Así que me apodó “nigua madura”. Ah, a mi mamá le encantaba ponerles apodos a sus hijos. Grande, ma. Luego ese apodo se convirtió en la “pollita”. Ohhh qué tierno, ¿no? Bueno la historia tras este apodo es que mi mamá me disfrazó de pollo. Y no de un dulce pollito sino de un pollo con un picazo y patazas. Me tomo una foto aleteando. Mis hermanos aún se burlan de esa foto y ella también lo hacía. Nunca la vas a ver porque la quemé.

Mi mamá me SOBRE estimuló tanto que a los 4 años ya sabía leer y estaba aburrida del colegio. No hice 5 años. Me pasó a primaria. Dijo que estaría bien. Estuve bien, pero pudo ser desastroso. Me convertí en una chiqui-vieja. Era una insoportable sabelotodo.

Mi mamá me enseñó todos los insultos que sé. Tenía “boca de caramelo”. También a romper narices, me dijo que uno nunca sabe cuándo debes meterle a alguien un buen puñetazo.

Mi mamá me dio muchos palmazos. Una vez una cachetada por romper de un puñetazo un interruptor. Bueh, ya tenía catorce.

La primera vez que me amanecí en una discoteca casi le da un ataque. No me hablaba y tuve que hacer méritos para que me hablara. “Mamá, sigues molesta”, le decía. 2 días después le repetía la misma frase.

Podría seguir y seguir contándoles más cosas sazonadas...pero ahora que lo recuerdo todo, me da una alegría inmensa. Sé que no se la puse fácil. Todo lo que aplicó con mis hermanos, lo aprendió equivocándose conmigo. Me pidió disculpas por todo. En ese momento me reí. Pero ahora puedo decirle que le perdono todo. Sé que hizo lo mejor. Fue una madre única y siempre la recordaré con la mejor de mis sonrisas. Porque si algo he aprendido en esta vida de madre es que mi madre siempre tuvo la razón. La amo con todas sus equivocaciones porque fueron los aciertos los que me hicieron tener éxito.



Besos,

Mamá

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