El baño: No, mamá

9:29

En los primeros meses de vida, la Lala (mi abuelita) me ayudó a bañarte. Te veía tan frágil y pequeño que me entraba un miedo tremendo al momento de darte tu baño. Así estuvimos como 6 meses hasta que ya pude hacer de tripas corazón y bañarte por primera vez. Lo disfrutaba bastante y tú también. Era nuestro momento.

Pasó el tiempo y tú casi eras mitad pez. Wow, como disfrutabas el baño y era nuestro momento para chapotear, jugar, cantar, etc. Todo iba normal, y poco a poco dejaste la bañera que nos había acompañado para hacer paso a la ducha. Estábamos muy felices ya que te adaptaste muy rápido a este cambio.
Llegó el verano y por primera vez te llevé a la playa (tarde un año y unos cuantos meses para hacerlo). Ni bien llegamos, te quise mostrar el mar y bajamos hacia la playa. Te cargué y te mostré como reventaban las olas. GRAN ERROR.

“Metí las cuatro”. El mar estaba algo agitado y el sonido fuerte de las olas hizo que miraras al mar pero de lejos. Ya no quisiste acercarte.

Basto ese día para que comiences a tenerle miedo a bañarte. Esa actividad que tanto te gustaba comenzó a darte miedo; gritabas, llorabas, decías: “agua mala, agua mala”. Todos estábamos bastante preocupados y yo me sentía como la peor de las madres.

Así comenzó la cruzada por “bañemos a Mateo”. Papá con su gran ánimo y cariño comenzó a probar nuevas actividades relacionas al baño. Estos son algunos consejos que en nuestra experiencia sirvieron para devolverte la confianza en relación al baño:

-          No presionar. Sabemos la importancia del año, pero presionándolos no conseguiremos nada que no sea llanto y desesperación. Lo ideal es que con paciencia se logre el objetivo.

-          Jugar: Podemos volver el juego a nuestro favor. Lo que hicimos nosotros es meternos a una especie de tina y hacer que Mate nos “bañe”. Lo mismo hizo con sus carritos y peluches. También se puede comprar juguetes de baño como molinos de agua o patitos de baño.

-          Leer: Le mostramos libros donde explicaban lo divertido que era bañarse. También contamos historias donde tú eras el protagonista.

-          Evitar: Meterlos a la ducha directamente, podemos acompañarlos en su baño y no acercar el agua a sus rostros. Dejar que ellos puedan verse superiores al agua y tener el control. Comenzar por los pies, la pancita, y al final la cabeza (por lo general los niños temen en esta parte por la sensación de ahogo).

-          Paciencia: Al principio no es nada fácil, el llanto y la angustia nos ganan pero también debemos mostrarnos confiados. Hay que demostrar que el agua es buena y que es divertida.

Estaba bastante dudosa si estas actividades volverían a devolverte la confianza pero ahora puedo decir que gracias a papá y a nuestra persistencia hemos logrado el objetivo. Adiós llanto, y vuelves a ser el niño pez que tanto amamos.



Besos,

Mamá Luz

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