Tenemos el control

9:24

Te cuento, hijo, que por estos días se viene discutiendo la posibilidad de retirar de la televisión unos programas reality “concurso” de chicos y chicas que en vez de concursar sanamente, se pelean, hacen escándalos, y distorsionan la realidad, y en fin, hacen todo menos concursar. Estos se emiten en horario de protección al menor.

Sin embargo, me pregunto como madre, ¿quién está en la obligación de proteger al menor?, ¿los padres o las televisoras?, la respuesta es más que obvia: Los padres. Con juntar firmas y retirar del aire a programas como este no se acaba el asunto. De estos hay muchos más (el chavo del ocho, la paisana Jacinta, etc.) y vendrán más pero somos nosotros, los padres, quienes podemos ponerle un alto en donde si tenemos toda la libertad: en nuestros hogares. Nadie nos obliga a nada, podemos elegir.

¿Qué hace una niña de 5 años como el cupido entre las desaventuras amorosas de esos personajes? ¿Qué hace una madre mandando el video de su hija de 3 años pidiendo que fulanito se reconcilie con fulanita? ¿Es en serio?

Nosotros somos los padres quienes guiamos a nuestros hijos hasta que algún día ellos hagan su vida y tomen sus propias decisiones. Como dijo una mami - lectora, si los padres controlaríamos lo que ven nuestros hijos, estos programas no existirían. Y no solo queda en nosotros, también debe ser transmitido a los cuidadores y niñeras. Ellos deben conocer las reglas de casa al igual que nuestros hijos. No crean que porque sus niños son pequeños no “entienden”, todo lo contrario es cuando debemos poner límites y reglas claras.

Se han puesto a pensar ¿Cuánto tiempo ven nuestros hijos televisión? ¿Cuánto tiempo paran en la computadora? ¿Todo lo anterior es regulado? Está bien que nuestros hijos vean dibujos o  programas acorde a su edad, y es imposible que nuestros hijos estén ajenos a la tecnología pero estar sentados viendo programa tras programa sin ningún control pienso que es una locura y pérdida de tiempo total.

Afortunadamente, todos tenemos el control en nuestras manos y hablo literalmente. Todos podemos tomar ese aparatito rectangular, presionar off y hasta la vista baby. Podemos comenzar a dialogar (eso que nuestros antepasados hacían con bastante frecuencia). Además existen los juegos de mesa, libros, historias, etc. Mientras más alejados de la televisión crezcan los niños, fomentaremos la creatividad, comunicación, unión familiar, etc. Si esperamos que un programa eduque a nuestros hijos, discúlpenme, pero es una tomadura de pelo.

A todo esto, les comparto un experimento que hizo mi mamá con nosotros. Cuando éramos pequeños aún no había tanta tecnología como hoy, a mi mamá no le gustaba mucho esos cambios. Solo teníamos una televisión y nos la compartíamos. Mamá podía comprarla pero no quería hacerlo. Un día se fue la luz a las 7 de la noche de un día sábado, justo cuando nos preparamos para ver un programa. Mi mamá inmediatamente saco juegos de mesa, preparó canchita y nos sentamos todos juntos y por horas reíamos y jugábamos a la luz de las velas. Cuando por fin vino la luz ya era hora de ir a la cama. Mi mamá dijo que así era antes, todos juntos conversando sin tanta tecnología. Constantemente se iba a luz en mi casa, ya estaba pensando seriamente en presentar mi carta a la compañía de luz, hasta que me di cuenta que era mi mamá quien bajaba la palanca de corriente casi dejando un día. No voy a negar que me dio bastante gracia pero le pregunté los motivos para dejarnos sin luz. Me dijo que era imposible escapar de la tecnología, pero que todos e incluso los aparatos merecían un descanso. Mi mamá me dejo una gran lección y desde ahí nos reuníamos todos a la mesa a cenar y reír. Ya no hacía falta apagar las luces.

Creo que si hoy hiciéramos ese experimento, la gente gritaría y lloraría en parques pero sería bueno intentar. Todo comienza en casa, como siempre digo.



Besos,

Mamá

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