Niña ¿yo?

12:18

Aunque la gente pueda pensar lo contrario, soy muy sensible, muy llorona, y bastante emotiva. No exagero, soy así.  No sé hasta qué punto sea bueno o malo, simplemente soy así.

El otro día me pasó, nos pasó, algo muy curioso.

Estaba viendo un programa de inversionistas y se presentó un hombre que quería que inviertan en su proyecto. Según el señor era todo un descubrimiento. Consistía en un balde con un arnés para sujetar al cuello; dentro de este balde colocabas los materiales (brochas y pinturas), así no habría problemas cuando se pinta lugares altos. Los inversionistas lo miraron con cara de incredulidad mientras el hombre seguía creyendo en que su “invento” le traería grandes sumas de dinero. Incluso había patentado su idea. Obviamente los inversionistas desecharon el proyecto en menos de 3 segundos, el señor no lo podía creer. Me comencé a sentir mal. Ver la cara del señor me puso triste.

Tú estabas jugando con tus carritos cuando volteaste y viste mi rostro.

Te acercaste a mí, me abrazaste, y me comenzaste a arrullar. Los roles cambiaron. Pensé que eso pasaría en unos 70 años pero no ahora que tú eres el pequeño y yo el adulto. Papá estaba mirándonos y riéndose de mí, mientras yo seguía con las lágrimas a punto de caer. Me volviste a mirar, y al ver que todavía no me calmaba, me abrazaste y seguiste con el arrullo.

La secuencia había terminado y entraron los anuncios publicitarios.

Estaba semi-acostada y tú no te habías despegado de mí. Te contaba la razón de mi melancolía y tú repetías: ajá, sí mientras jugabas con tus carritos. En eso me di cuenta que estaba contando mis “problemas” a un niño de casi 2 años. Te mire, me miraste y nos reímos.

Me sentí tan protegida. Gracias a tu empatía y cuidados mamá pudo recuperarse rápido. El recuerdo me hace sonreír y es el aliciente para seguir cuando tengo algún problemita.

Gracias, te debo una.



Besos,

Mamá Luz

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