El inicio de una historia

11:03

Ahora que me pongo a revisar todos mis post, me he percatado que no te llegué a contar la historia antes y después de tu nacimiento. Raro ¿no? Pero como nunca es tarde, déjame compartírtela.

Unos días antes de que nacieras, me mandaron a realizarme la última ecografía. Estaba muy emocionada pero a la vez temerosa porque para este periodo aun no habías “encajado” y si no lo hacías hasta el término del embarazo, me harían una cesárea. Estaba preparada para todo; lo ideal era que fuera natural pero si era una cesárea no me hacia problemas. Lo importante es que tú y yo estuviéramos bien y de esta manera papá también estaría bien.

El ecografo me indicó que estabas muy grande y gordo. Preocupada me fui a la doctora y me dijo claramente que ciertamente eras un bebé grande y gordo y que por mi contextura y tamaño sería mejor una cesárea. Rápidamente se preparó los papeles y al día siguiente ya estaba internada para la operación. 

Habíamos tomado todas las provisiones del caso. Me trataron muy bien en la clínica. La operación estaba pactada para las 4:00pm. Sin embargo, las contracciones empezaron a las 10am. Todo se cruzó. A Dios gracias no fueron tan fuertes. Eran soportables.

Me dijeron que papá entraría conmigo en el momento indicado. Pase primero, me alistaron, temblaba como una hoja pero me hacia la “macha”. Les preguntaba a cada rato que llamen a papá, y me decían que ya lo harían. Sin embargo, la doctora me dijo que no sería posible porque acaba de estar en otro parto y el papá se desmayo y todo se complicó. Quedé triste pero tal vez fue lo mejor. Hubo una enfermera que mientras me colocaban la epidural (que no dolió como decían) me tomó de la mano y me comenzó a conversar y a distraer.

La doctora me dijo “aquí viene el príncipe” y comenzó a apretarme. Lo hizo tan fuerte que en un momento pensé que estaba muerta y estaban tratándome de resucitarme jajaja. Comenzó el llanto, y al escucharlo lloré contigo. Todos me felicitaron y la enfermera te trajo a mi lado y te vi, te conté los dedos de las manos y los pies, vi tu pilin jajaja (tenía que estar segura) y le dije tu nombre a la enfermera. Lo gracioso fue que al ser tan grande y gordito, todos corrieron a verte y hacerte mimos, incluso el anestesiólogo.

Papá quien estaba cardiaco y apunto del llanto te vio salir y siguiendo mis instrucciones te siguió. Todos te tomaban fotos, la gente se detenía preguntando si tu tamaño era normal (anormales) y otros se reían viendo cómo te mamabas la mano.

Preguntarás qué pasó conmigo. Bueno, tuve que quedarme en la sala de recuperación. Me sentía bastante feliz, cómoda, pasando las imágenes de ti una y otra vez y me quedé dormida. Me desperté cuando me pasaron al cuarto. Tú ya estabas ahí bien dormido a causa de una merecida cena lechosa. Papá me besó y me dio un blog y un lapicero porque no podía hablar.

Papá pudo quedarse conmigo en la habitación. Comencé a sentirme bastante incómoda por la sola posición. Y la herida me dolía como los cuernos jajaja. Felizmente tú dormiste en neonatología. Vi el amanecer con dolor, me sentía una chancleta. No podía pedir más calmantes. No me quedaba más que aguantar. Amaneció y temprano una dulce señorita me dio un baño de esponja, me puso mis cremas y vino otra (malula) y me dijo: “Buenos días, mamita, hora de levantarse, ¿dónde está su faja? ¿FAJA? Pero si me dolía como los mil cuernos. Perdona mi francés. Igual me la pusieron, me dejaron misma Thalia y me indicaron que debía caminar unos minutos. Cuando lo intenté el alma se me salió. ¡Qué dolor!

No daba más de 5 pasos y sentía que estaba corriendo la maratón. Le dije a papá que me iba a quedar sentada el resto de mi vida. La enfermera te trajo y me enseño como darte de lactar. Genial, una actividad que no requiere caminar. Sin embargo, no fue tan fácil la lactancia. Cuestión de práctica.

Mi amiga Meita me estaba acompañando mientras intentaba de darte de mamar cuando de pronto sentimos un olor… Huele a quemado… gente corriendo… Luz sentada…



Continuará…

¿Mamá será capaz de caminar un paso? ¿Papá dejará de pasearse por todo el hospital con una babita en el hombro? ¿Mateo dejará de succionar el alma? ¿Le seguirán dando la sopa secreta de la casa a Mamá?


Mañana la segunda parte

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1 comentarios

  1. Hola,

    ¡Qué emocionante!. A mi me encanta que mi mamá me cuente la historia de cuando nací. La he escuchado cientos de veces y no me canso. Es como presenciar ese momento en el que estuvimos pero no recordamos. Es lindo :)
    Espero ansiosa la segunda parte.

    Besos
    ¡Siempre moderna!

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