El inicio de una historia Parte II

12:36

Continuación…

Como te contaba, bebé, mi amiga Meita y yo estábamos conversando, bueno ella me conversaba y yo me quejaba del dolor. Sentí un olor extraño, vi enfermeras correr por el pasillo y gente murmurar. ¿Qué habrá pasado?, me pregunté. En eso de pronto vino una enfermera de neonatología y me dijo que debía llevarte al cuarto de bebés. ¿QUÉ? ¿POR QUÉ?, comencé a protestar. La señorita me dijo que era una medida de seguridad porque al parecer hay una fuga de gas pero que no es confirmado pero para prevenir se van a llevar al bebé. Mis ojos se abrieron como platos, tuve que entregarte y comencé a llamar a papá quien se había ido a comprar comida. El olor se hacía más fuerte, no podía moverme y estaba muy preocupada. Otra enfermera entró y me dijo que tenía que evacuar. ¿Puedes caminar?, me dijo. Con cara de pocos amigos y el dolor a mil por hora dije: ESTOY RECIÉN OPERADA, ME DUELE MUCHO. La tía Meita me ayudó a dar unos pasos hacia la cama para que me bajen ahí. Cada paso era un dolor inexplicable. Se suponía que debía descansar pero en vez de eso estaba siendo evacuada.

La clínica era misma película gringa de evacuación por epidemia no identificada. Éramos la versión peruana de REC. Cerraron las avenidas por donde estaba la clínica, mi abuelita que había venido a visitarme tuvo que hacerlo en esas condiciones y papá seguía desaparecido. Pararon todas las operaciones, todos evacuaron al primer piso excepto a los bebés pues en la habitación donde estaban era hermética.

Por fin apareció papá, asustado y con noticias tuyas. Se había asegurado de que estuvieras bien. Cuando por fin volvía a la calma y ya sentía menos dolor gracias a la rica inyección que me habían puesto, los bomberos indicaron que nos evacuaran de la clínica, a casas aledañas o a otras clínicas. Mi corazón se detuvo. La gente se alocó. La prensa ya estaba afuera y comenzaron a evacuar  a los recién operados. Para guardar el anonimato me pusieron una frazada tapándome toda y yo gritaba como loca, presa de la desesperación y de la angustia por ti. Estaba dejándote ahí, con solo un día de nacido. Me pusieron en la cochera de una casa con otros pacientes. Mi enfermera siempre estuvo conmigo. Mi abuelita me calmaba y me daba apoyo. Ella entendía mi desesperación.

Me percaté que eran las 4pm y no había desayunado ni almorzado. Tenía hambre pero estaba muy desesperada. Es así como papá encabezó el cuartel de los papás primerizos unidos. Juntó a todos los papás y los dirigió a la clínica exigiendo saber las condiciones de sus hijos. Una enfermera me pidió mis datos y me dijo que me iban a derivar a otra clínica y que a mi hijo le darían de alta. No podía creerlo. De todas las cosas locas que a una mujer recién parida se le puedan ocurrir, nunca me imaginé que esto me iba a pasar a mí. NUNCA.

Papá me encontró en un mar de lágrimas. Mi corazón estaba roto. Mi abuelita prometió cuidarte bien si es que te daban de alta. Pedí a Dios y a mi San Martin de Porres que me ayudasen. Hacia frio y la tristeza me comenzó a arrullar. Me sentí flotar.

Me sobresalté de lo que pensé que era una pesadilla. Un bombero vino con cara de alivio informando que ya el problema estaba controlado. Todos ingresamos a la clínica pero al ser una fuga de gas, teníamos que ingresar piso por piso. Estaba en el quinto piso así que recién ingresé a las 7pm. Todo ese día perdido. Sin desayuno, almuerzo ni cena. Y sobre todo sin ti. Al día siguiente solo quería irme corriendo. Felizmente, a pesar de todo, había mejorado y me dieron de alta JUNTO contigo.

Mi dolor mejoró a los 5 días. Me sentía bastante bien físicamente.

Esa es la historia sobre tu nacimiento, con altos y bajos. Sin duda una historia de nunca olvidar.


Mis dos amores, conociéndose 




Te ama,

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