A cocachos aprendí

12:45

Nunca me gusto ese poema, me lo hicieron aprender en el colegio y siempre me hacía sentir mal. Debe ser por el término cocacho = llanto = dolor = a nadie le gusta el dolor ni el llanto.

Los niños como tales son los menos indicados en aprender bajo esas circunstancias. Y sí llegan aprender es por miedo y no por respeto, menos por lógica. Simplemente aprenden a consecuencia del golpe. “Si te portas mal te pego” “Si corres, te pego”, les enseñamos las “consecuencias” de sus actos pero no les enseñamos por qué no deberían hacerlo.

Este post es a respuesta de un mail de una mamá preguntándome que podría hacer con su pequeño que hace berrinches y que ella en su desesperación le dio un palmazo y las cosas empeoraron.
Primero, mi querida lectora, tenemos que calmarnos. Cuesta, y mucho. Los niños son muy observadores y saben muy bien nuestra cara de “desesperación”.

Paso 1: Calma y paciencia.
Entramos en una especie de yoga interno. Respiramos hondo y colocamos nuestro rostro en modo zen. La comunicación no verbal es muy importante, por eso hay que aprender a controlarnos. Si quieren luego se van al baño y gritan con la toalla pero en este momento todo tranquilidad.

Paso 2: Indiferencia.
El niño comenzará a patalear, tirarse al suelo, gritar y llorar. Lo mejor que podemos hacer es estar a su lado pero con indiferencia. Sigue haciendo tus cosas, cerca de ellos. Por ejemplo: si estás en tu cuarto, comienza a doblar la ropa, acomoda los juguetes, pero siempre y disimuladamente pegándole un ojo para ver sus reacciones. Si avientan cosas, llevamos tranquilamente hasta el lugar y pídeles que lo levante. Inténtalo una y otra vez hasta que lo haga.

Paso 3: De su tamaño
Una vez que veas que el llanto y el grito terminaron y hay más calma, colócate de su tamaño, míralo a los ojos y explícale lo que paso.  Si lo miras directo a los ojos, confiará en ti y escuchará tus explicaciones. Abrázalo y dile lo mucho que lo quieres. Sin reproches.

Lo más importante en estos tres pasos es mantenernos calmadas. Es lo que quizás más cuesta en todo este asunto. Podemos corregir sin gritar y sobre todo sin pegar. Es la vía más larga, pero la que mejores resultados traen. Les digo con toda fe que sí funciona. Obviamente no funciona a la primera y tenemos que ser perseverantes, nuestros hijos tarde o temprano entenderán que por esta vía de pataletas no se obtienen las cosas.



Besos,

Mamá Luz

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