Soy Mateo y hago lo que quiero

10:44

Mi pequeño saltamontes, cada día te pones más grande, fuerte e inquieto. Todo es natural. Tus cambios físicos como espirituales van saliendo a la luz y ya dejas de ser mi pequeño bebé para convertirte en mi pequeño niño. Todavía no tienes dos, pero no sé si ya estás entrando a los “terribles dos”.

Verás, eres un niño súper dulce y cariñoso, zalamero, gracioso y bueno pero también tienes tu lado “rebelde”. Eres muy inquieto. Haces y deshaces a tu antojo. Tratamos de corregirte, tratamos de enseñarte las consecuencias de treparte o de tirar algo, nos escuchas, nos dices ya y al segundo lo vuelves a hacer. Nos miras y corres riéndote.

Los fines de semana son maravillosos pero agotadores. Nos dejas muy claro que Mateo is in the house. Todo es una lucha constante. Para cambiarte te mueves para todos lados, tenemos que “sobornarte” con algún juguete. Para comer, ya ni quieres que te demos, comes solo a tu estilo y con arroz en los rulos pero comes. Para peinarte, tengo que “peinar” a tu papá primero para que me dejes peinarte. Para salir tengo que estar llamándote la atención porque vas botando todo lo que se te atraviesa. Estábamos pasando por una galería y un niño te asustó, cuando nos dimos vuelta apareció otra vez el niño pero ya tranquilo y tú le tiraste un manazo diciendo: malo, malo. Te detuve y te dije que eso no se hace. Pero tú solo repetías: niño me asustó, niño malo. Cuando coges la pelota con una mirada traviesa y picara ves a donde lanzarla, ves a donde puedes hacer mayor impacto. Incluso para tomar la leche es un problema. No porque no quieres sino porque si no te doy a tiempo la leche gritas como loco. Nadie se mete con tu leche. Incluso la gata tiene que lidiar con tu humor.

Trepas, saltas, gritas, mueves tus juguetes por todos lados, sacas todos los papeles, avientas los colores, trepas, saltas, gritas, me rompes el maquillaje, derramas los perfumes, le lanzas la pelota a la gata, le gritas, trepas, saltas, pides leche a gritos, rompes los lentes de papá, y es una y otra vez.

A veces sueño cuando tengas 16 años, pero sé que cuando los tengas, extrañaré todos y cada uno de estos momentos.



Besos,

Mamá

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