Confieso

16:02

Hoy me desperté muy temprano, pero me quedé acostada mirándote. Pensé en tantas cosas, pensé en los momentos alegres que paso contigo y en los momentos difíciles que he pasado hasta el día de hoy, pero que gracias a la bendición divina ahora estoy mucho mejor, y es por ti.

A veces ya no recuerdo quién era antes de ti, pero la verdad no sé cómo pude ser antes de ti porque ahora estoy mucho más completa. Siento los pies sobre la tierra, y a pesar de que soy algo soñadora, tengo objetivos más claros. Sí, todo esto pensé mientras tú dormías. Sentí que la mañana era perfecta para darle rienda suelta a mis neuronas para que piensen lo que quieren, sin tapujos, sin censuras.

Así fue como llegué a darme cuenta cómo comenzó todo este tema del blog que cada vez me gusta más porque es para ti (mi punto de partida).

Pues bien, hace mucho tiempo que leo blogs y en más de una oportunidad me animé abrir uno pero al poco tiempo lo abandonada. La verdad no sabía de qué escribir o lo peor de todo quién me iba a leer, ¿a quién le interesa leer la vida de una persona común y silvestre? – era lo que me repetía. Al poco tiempo, luego de autocriticarme, cerraba el blog y continuaba con mi vida. En uno de estos tantos pensamientos absurdos, me di cuenta que la vida me ha sacudido más que maraca de brujo y que me ha sorprendido de buenas y malas maneras. Lo cierto es que cuando me animé abrir este blog, lo hice a base de un temor muy grande que hoy debo confesar pues mis heridas se curan con el pasar de los días.

Toda madre o padre tiene temores enormes, grandes, altísimos que conviven con otros aciertos, alegrías y vivencias felices. Cuando te tuve a ti, fue algo inexplicable que me golpeo de pronto pues meses atrás lloraba por la muerte de mi mamá, y ahora estaba llorando por la alegría de tenerte. Tuve la suerte de tener un embarazo tranquilo y bonito, pero el vacío que me había dejado mi mami era demasiado grande. Trataba de no llorar, pero la pena a veces me tumbaba. Tu papá me apoyo muchísimo, pero dentro de mí estaba creciendo no solo tú sino estaba creciendo un miedo incontrolable.

Cuando por fin naciste, estaba súper feliz pero también súper asustada. Mi miedo más grande fue liberado: No me quiero morir como mi mamá y dejarte solo. Comencé a temerle a la muerte de una manera inexplicable, me encerraba a diario en el baño y lloraba con la toalla en la boca para no hacer ruido. Era patético pero así de grande era mi temor. Si me dolía algo, si veía algo, si experimentaba algo fuera de lo común, todo lo relacionaba con muerte. Con todo este impulso nació el blog, pues quería contarte de mí, de mi vida contigo, y simplemente de las cosas desde que naciste. Quería que tengas algo más de mí en caso de que no llegarás a conocerme más. Quería que supieras lo mucho que te amo y te amaré porque un pedacito de mí siempre vivirá dentro de ti. Sé que todo suena triste, pero es cómo sucedieron las cosas.

Con el pasar de los días, ya no temo como antes. Siempre existe ese miedo pero ya no me doy a los brazos de ese temor sino enfrento internamente mi batalla. Me importas más que nunca y por ti lucharé contra todo y todos. Me has dado el valor que nunca he sentido y ahora puedo decirme que no soy una gallina asustada después de todo.

No sé dónde estaremos en años, no sé cómo ni cuándo moriré pero sí sé que mientras estemos juntos te llenaré la vida de color, pegaré hasta el amanecer tus trabajos del nido, viajaremos a lugares hermosos, te prepararé tu lonchera, secaré tus lágrimas cuando te rompan el corazón, estaré parada afuera de tu habitación escuchando como reniegas de mí, alistaré tu camisa para tu primera entrevista te trabajo y haré el nudo de tu corbata, estaré parada junto a ti cuando te cases, y esperaré por ti cada fin de semana para ver a mis nietos. Si estoy o no físicamente, igual haré todas esas cosas, es una promesa.

No haré de los miedos mis limitaciones, no cuando te tengo a ti.

Te ama hoy y siempre

Mamá

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